Cómo fabricar una muñeca inteligente en 30 días

Soñé que iba a mi casa y ella ya no estaba, entonces volvía a ir a mi casa y estaba ella.

Han pasado dos años y medio y no puedo olvidarla, mis sueños no quieren olvidarla, allí está ella esperándome, como un calco de la real, me habla, es escurridiza, nunca me da lo que quiero y se pierde en las sombras del sueño y yo la busco y la busco hasta que despierto, pero se que ella siempre está en mis sueños y aunque huidiza, algo es algo, como anoche que llegué y estaba ella.

Fui entonces a ver a mi amigo Gastón que estudia inteligencia artifical y le dije que me hiciera una muñeca que como en los sueños la simulara. Primero puso mil objeciones, entonces fui y vendí mi Clio 2007, no me dieron lo esperado, pero con ese dinero pude pagarle mi proyecto de muñeca, ¿sexual me preguntó?, no no, y le expliqué.

Le llevé muchas grabaciones de conversaciones que había tenido con ella y fotos, con todo eso Gastón que antes había estudiado en la Facultad de Ingeniería  de la Uncuyo robótica se puso con el taladro y la amoladora manos a la obra. Pero dame tiempo, me dijo, ahora tengo unos exámenes en la UTN pero después me pongo de cabeza, mientras tanto te voy mandando bosquejos y vos vas viendo.

Gastón es muy buen dibujante a mano alzada y los primeros dibujos que me mandó, luego de contarme que había sacado diez en Pithon 3. Hasta me parece que está mas linda, le ha dado unos 26 años, que fue el tiempo cuando me enamoré de ella, pero le dije que me parecía más interesante en las ultimas fotos, que coincide con la arrogancia que tenía la última vez que la vi y me contó que su novio se había ido a vivir a Albacete, su familia tiene una sala de bingo muy próspera, me contó Leo, y que está vacilando si irse o no, lo dijo esto con cierto desdén dejando caer que solo conmigo quería tener un ancestro del futuro, me dijo haciendo un juego extraño de pasado y futuro.

Pero me fui por las ramas, la cuestión que Gastón estaba super entusiasmado y una tarde lo fui a visitar a su taller montado en una habitación aislada al fondo del jardín de una casa de barrio en Godoy Cruz, al lado de la autopista. Lo hallé con una barrita de la soldadura, sopleteando y uniendo la cabeza de ella al cuerpo metálico al que había recubierto con un acolchado que segun me dijo había elaborado en una olla pestilente con pedazos de camara de bicicleta, huesos de caballos que recolectó enla zona oeste, algodon que habían arrojado de un hospital de las cercanías y así, pero me aclaro que no hay peligro, “a esa temperatura no queda nada vivo”, me dijo mientras me daba un mate que rechace con mucho tacto, en medio de la pandemia y ser una suerte de grupo de riesgo por mi avanzado enamoramiento.

No quiero que vengas más, me dijo, me distraés, me siento observado, yo te voy a ir mandando fotos y vas a ir viendo, y así fue, pasó la cuarententa, el Covid se volvió inofensivo, menos malito que un resfriado, el pais se recupero a medias y volvía soñar con la casa donde llegaba y ella esperando con el plumero en las telarañas.

Y llegó el día. La madre de Gastón, una mujercita pecosa y de un metro cuarenta, me hizo pasar, atravesé el patio donde tenían encadenado un mono titi, “me lo trajo mi marido en uno de esos viajecitos a Misiones”, me dijo un poco avergonzada de las cadenas que le habían producido pustulas en las muñecas a la bestiecita.

Entre al taller y en una silla estaba ella cubierta como un museo a inaugurar con una sucia sábana verde.

Voilá, dijo y retiró el manto sagrado.

No podía creerlo, no, no, no de un estudiante de robótica, de inteligencia artifical, de ese tallercito de morondanga, pero diantre que sí, allí estaba ella temblorosa. El temblor Raúl, es una cosa que todavía no puedo controlar bien, pero se le va a ir, lo produce algo en sus algoritmos, algo que mira y empieza a temblar y  si bien le he bajado bastante el nivel sigue temblando pero ya te vas a acostumbrar y si no me la traes de nuevo y le bajo el umbral del temor que parece que viene de ahí.

Pedí un remise y Gastón me la entregó en un viejo baúl, que me lo cobró. Llegue a mi casa y dejé el baúl en la piecita que no uso y me fui a dormir.

A eso de las dos o tres de la madrugada escuché su temblor, un tiritar y no supe qué hacer.

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